Noticias
Incendios forestales, suelos y resiliencia territorial: reflexiones desde la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo

Incendios forestales, suelos y resiliencia territorial: reflexiones desde la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo

Declaración de la SChCS

Los incendios forestales representan un desafío creciente para Chile en un contexto de cambio climático, sequías prolongadas y transformación de los paisajes. Estos eventos no solo afectan la vegetación y la biodiversidad visible, sino también múltiples componentes socioambientales, entre ellos los suelos, cuya degradación puede persistir a largo plazo, incrementando riesgos de erosión, desertificación, pérdida de productividad y disminución de servicios ecosistémicos esenciales como la regulación hídrica, la seguridad alimentaria y el sustento de las comunidades. En la zona centro-sur del país, las proyecciones climáticas anticipan un aumento en la frecuencia de sequías extremas y olas de calor, lo que, sumado a la megasequía experimentada desde 2010, ha comprometido la disponibilidad de agua, el estado de la vegetación y el régimen de incendios, generando impactos sociales, económicos y ecológicos significativos. La intensificación y recurrencia de estos eventos puede reducir la resiliencia de los ecosistemas al fuego, limitando su capacidad de recuperación natural, especialmente cuando los suelos también resultan afectados directa o indirectamente por los incendios. Considerando el rol fundamental del suelo en la regulación del clima, el ciclo del agua y nutrientes, el almacenamiento de carbono y el sustento de la vegetación, su incorporación en la toma de decisiones es clave para fortalecer la gestión del riesgo, la restauración ecológica y la planificación territorial. Desde la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo destacamos la necesidad de:

1. Priorizar la prevención

En un escenario de cambio climático caracterizado por sequías prolongadas, olas de calor más frecuentes y condiciones ambientales propicias para la propagación del fuego, la prevención debe ocupar un lugar central en la gestión del riesgo de incendios forestales. El desarrollo del fuego responde a tres condiciones básicas —ignición, temperatura y oxígeno— conocidas como el “triángulo del fuego”. Cuando estos tres elementos coinciden, el incendio puede iniciarse y expandirse rápidamente. Si bien no es posible controlar las condiciones climáticas ni eliminar completamente las fuentes de ignición, sí es factible intervenir de manera indirecta en estos factores mediante el manejo preventivo del territorio y la reducción de la biomasa disponible como combustible.

La disminución de la carga de combustible vegetal a través de estrategias de manejo del paisaje, planificación territorial y prácticas silvoagropecuarias adecuadas constituye una de las medidas más efectivas para reducir tanto la probabilidad de ignición como la severidad de los incendios. Estas acciones no solo contribuyen a proteger la vegetación y la infraestructura, sino que también previenen la degradación de los suelos, disminuyendo el riesgo de erosión, pérdida de materia orgánica y afectación de funciones clave como la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono. Priorizar la prevención implica reconocer que la gestión del fuego comienza antes de la emergencia, mediante decisiones de ordenamiento territorial y manejo ecosistémico que fortalezcan la resiliencia de los paisajes y de las comunidades que dependen de ellos.

2. Fortalecer enfoques territoriales participativos

La gestión de incendios forestales y sus efectos socioambientales requiere enfoques territoriales participativos que integren activamente a comunidades locales, actores productivos, gobiernos regionales, servicios públicos y la comunidad científica. La experiencia reciente demuestra que la pertinencia y efectividad de las acciones aumentan cuando el conocimiento científico se articula con el conocimiento local y la experiencia práctica de quienes habitan y gestionan los territorios afectados. Esta interacción no solo mejora la comprensión de los impactos reales de los incendios, sino que también permite priorizar medidas de prevención, restauración y adaptación más ajustadas a las necesidades locales.

El trabajo conjunto entre academia y tomadores de decisiones ha evidenciado, por ejemplo, el valor de combinar información satelital validada en terreno con la experiencia de actores regionales y locales para fortalecer la toma de decisiones post-incendio. Mientras los actores locales suelen priorizar acciones inmediatas, prácticas y acordes a los recursos disponibles, los actores regionales tienden a enfatizar soluciones técnicas alineadas con instrumentos de planificación y políticas públicas. Reconocer estas distintas perspectivas resulta clave para procesos de co-validación de información y para el diseño de estrategias de restauración efectivas. En este contexto, el conocimiento local robustece la información científica y contribuye a decisiones más pertinentes, evitando intervenciones descontextualizadas y favoreciendo soluciones sostenibles en el tiempo.

3. Promover paisajes resilientes al fuego

La planificación territorial basada en evidencia científica es fundamental para promover paisajes que sean más resistentes y menos vulnerables a la ocurrencia, propagación y severidad de incendios forestales. La configuración espacial del paisaje —incluyendo la composición y distribución de coberturas vegetales, la conectividad de combustibles, y la presencia de elementos que actúen como barreras naturales o cortafuegos— influye directamente en la dinámica del fuego. Paisajes heterogéneos, con mosaicos de usos y coberturas que reduzcan la continuidad de combustibles, presentan menor probabilidad de grandes incendios intensos y permiten una menor velocidad de avance del frente de llama.

El cambio climático, al intensificar la frecuencia de sequías extremas, olas de calor y condiciones secas prolongadas, incrementa la vulnerabilidad de los ecosistemas a incendios de alta severidad, haciendo más urgente la promoción de estrategias territoriales que reduzcan la continuidad de combustibles y aumenten la diversidad estructural del paisaje. Estas estrategias pueden incluir la diversificación de especies y usos de la tierra, la restauración ecológica de zonas degradadas, la recuperación de corredores biológicos y la inclusión de prácticas silvoagropecuarias que aumenten la heterogeneidad espacial y funcional.

Fomentar paisajes resilientes al fuego no solo contribuye a disminuir riesgos para la biodiversidad y las comunidades humanas, sino que también fortalece servicios ecosistémicos esenciales como la regulación hídrica, la estabilidad del suelo, el almacenamiento de carbono y la provisión de hábitats. En este sentido, la integración de criterios ecológicos y de manejo del fuego en instrumentos de ordenamiento territorial y planificación de uso de la tierra es una acción prioritaria para avanzar hacia territorios más seguros y sostenibles frente a los impactos del cambio climático.

 4. Integrar el componente suelo en acciones de restauración post-incendios

Los incendios forestales pueden provocar degradación del suelo tanto de manera inmediata como a largo plazo. Estos impactos afectan las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, comprometiendo las distintas formas de vida que lo habitan, aumentando los riesgos de erosión, desertificación y pérdida de productividad, y poniendo en riesgo servicios ecosistémicos esenciales como la regulación hídrica, la seguridad alimentaria y el sustento de las comunidades. Más allá de los efectos visibles en la vegetación o la infraestructura, la recuperación de los ecosistemas post-incendio depende en gran medida del estado del suelo y de su capacidad para sostener la regeneración ecológica.

En este contexto, los programas de restauración post-incendio deben incorporar la evaluación y el monitoreo de suelos como un elemento central en la toma de decisiones. Las respuestas del suelo frente al fuego y a las intervenciones posteriores pueden variar significativamente según las condiciones del sitio, el tipo de suelo, la severidad del incendio y las prácticas de manejo aplicadas. La evidencia científica muestra que algunas acciones post-incendio, cuando no consideran estas particularidades, pueden generar impactos negativos incluso mayores que los ocasionados por el fuego mismo, afectando la materia orgánica del suelo, la actividad microbiana, la estabilidad de agregados y otros indicadores clave para la recuperación ecosistémica.

Por ello, las estrategias de restauración deben basarse en diagnósticos específicos de terreno, integrando conocimiento científico y experiencia local para definir intervenciones pertinentes. Prácticas como la mantención de madera quemada, el uso de coberturas orgánicas o la aplicación de enmiendas pueden favorecer la recuperación del suelo y la vegetación en determinados contextos, pero requieren evaluación caso a caso. Integrar explícitamente el componente suelo en la gestión post-incendio permite fortalecer la resiliencia de los ecosistemas, mejorar la efectividad de las acciones de restauración y resguardar los servicios ecosistémicos de los cuales dependen las comunidades y los territorios.

 5. Promover investigación a largo plazo y articulación ciencia–política pública

En Chile, investigadoras e investigadores ya generan evidencia científica relevante sobre incendios forestales, su impacto en los ecosistemas y las estrategias de prevención y restauración, gracias en gran medida al financiamiento estatal y al trabajo colaborativo entre universidades, centros de investigación, organismos públicos y sector productivo. Sin embargo, frente al aumento proyectado en la frecuencia y severidad de estos eventos, resulta fundamental consolidar y sostener en el tiempo programas de investigación de largo plazo que permitan comprender mejor la dinámica de los incendios, sus efectos acumulativos en los socioecosistemas y las trayectorias de recuperación post-incendio.

El desarrollo de conocimiento continuo y sistemático es clave para fortalecer la prevención, mejorar la restauración ecológica y promover una educación ambiental basada en evidencia que contribuya a reducir la vulnerabilidad de los territorios. Asimismo, se requiere una mayor articulación entre la ciencia y la política pública, de modo que los resultados de la investigación puedan traducirse en herramientas efectivas para la planificación territorial, la gestión del riesgo y la toma de decisiones intersectoriales. Integrar el conocimiento científico en las políticas públicas no solo permite responder de manera más informada a los incendios forestales, sino también anticipar sus efectos y avanzar hacia territorios más resilientes frente al cambio climático.

Los incendios forestales representan uno de los desafíos socioambientales más complejos que enfrenta Chile en el contexto del cambio climático. Abordarlos requiere avanzar desde una lógica reactiva hacia una estrategia integral basada en la prevención, la planificación territorial, la promoción de paisajes resilientes y la incorporación explícita del suelo como componente clave en los procesos de restauración. Asimismo, fortalecer la articulación entre la ciencia, la política pública y los actores territoriales resulta fundamental para desarrollar respuestas pertinentes, sostenibles y socialmente legitimadas.

Desde la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo enfatizamos que la comprensión y cuidado de los suelos es esencial para la resiliencia de los ecosistemas y el bienestar de las comunidades. Promover investigación de largo plazo, educación ambiental y toma de decisiones informada permitirá no solo enfrentar mejor los incendios actuales, sino también anticipar sus impactos futuros. Avanzar en esta dirección implica reconocer al suelo como un elemento estratégico en la gestión del territorio y en la construcción de paisajes más seguros, productivos y sostenibles para las generaciones presentes y futuras.