
“Entender el suelo es entender la historia de un ecosistema”
Expresó Javiera, egresada de Ingeniería Forestal de la Universidad Austral de Chile, en Valdivia, quien ha desarrollado su formación con especial interés en la ciencia del suelo y participa activamente en la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo (SChCS). Su trayectoria como estudiante se ha vinculado al trabajo en edafología, la investigación sobre problemáticas territoriales y la participación en espacios académicos de proyección nacional, como el Encuentro de Jóvenes Investigadores de la Ciencia del Suelo. Actualmente se encuentra finalizando su tesis de pregrado, enfocada en la materia orgánica del suelo, su relación con el cambio de uso de suelo y el ciclo del carbono, una línea de estudio clave para comprender el rol de los suelos frente al cambio climático. En esta entrevista, comparte su experiencia formativa y reflexiona sobre la importancia de ser parte de la SChCS en las primeras etapas de la trayectoria científica.
Cuéntanos, ¿cuándo surgió en ti el interés por los suelos de Chile?
Soy parte de la Universidad Austral de Chile, en Valdivia, egresada de Ingeniería Forestal. Mi interés por los suelos comenzó en tercer año, cuando cursé el ramo de Edafología. Ahí empecé a acercarme más a esta área junto al profesor Felipe Zúñiga (UACh), quien ha sido una figura muy importante en mi formación.
Desde la ingeniería forestal, los suelos son fundamentales para comprender el concepto de sitio (relación clima, vegetación y suelo), pero además la edafología me abrió un mundo mucho más amplio, porque no solo se relaciona con bosques o agroecosistemas, sino con todos los ecosistemas terrestres, tanto urbanos como naturales. Desde entonces he trabajado junto a compañeros y compañeras que también se entusiasmaron rápidamente con el tema.
¿Cómo fue ese primer acercamiento más concreto a la investigación en suelos?
Uno de los trabajos más importantes que realizamos durante el pregrado, fue en el contexto del Parque Nacional Alerce Costero (Región de Los Ríos), cuando surgió nuevamente la intención de construir una carretera al interior del parque. Junto al investigador Jonathan Barichivich, el profesor Felipe y dos compañeras (Karol Guitard y Magdalena Aguayo) evaluamos cómo las rutas de ripio afectan las microcuencas, generan pérdida del recurso suelo, relleno de turberas y eventualmente podrían relacionarse con la afectación del alerzales.
Ese trabajo resultó muy interesante y nos invitaron a presentarlo en formato oral en el encuentro realizado en Coyhaique en EJICS (Encuentro de Jóvenes Investigadores en Ciencias del Suelo) en 2024. Ahí fue también mi primera incursión en la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo.
¿Cómo recuerdas esa primera experiencia en Coyhaique?
Fue una experiencia muy enriquecedora. Ese trabajo nació de una inquietud genuina, colaborativa y muy desinteresada, y de pronto nos permitió llevar una problemática territorial a un espacio de interés nacional. Además, el trabajo obtuvo uno de los premios a la mejor presentación, algo que jamás esperamos, porque era la primera vez que presentábamos en un congreso.
También fue muy importante porque pudimos conocer estudiantes y académicos de distintas universidades del país. Desde nuestra “burbuja sureña” en Valdivia, encontrarnos con personas de la Universidad de Chile, la Universidad de Concepción, la Universidad Católica y otras instituciones nos hizo ver que la ciencia del suelo es una disciplina muy amplia, compleja y abordable desde distintas perspectivas.
¿Qué fue lo más significativo de vincularte con la Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo?
Destacaría dos cosas. La primera son las redes. Ser estudiante de pregrado y tener contacto con profesores e investigadores de distintas universidades te permite ampliar tus preguntas de investigación y saber a quién acudir cuando necesitas apoyo o colaboración. Eso es muy valioso cuando uno está terminando una carrera.
La segunda es que la sociedad es un espacio donde se conectan la investigación y las necesidades humanas. La ciencia del suelo no se queda en lo académico, busca responder a conflictos y desafíos concretos para el bienestar de las personas.
¿En qué área te gustaría proyectar tu trabajo una vez titulada?
Estoy trabajando en materia orgánica del suelo y cómo se ve afectada por el cambio de uso de suelo, en un gradiente de precipitación muy marcado en la Patagonia Occidental. Me interesa entender cómo la materia orgánica entra al sistema, cómo se distribuye, qué funciones ecosistémicas cumple y cómo una buena gestión del suelo puede favorecer el secuestro de carbono en lugar de su liberación a la atmósfera.
Me interesa mucho cómo los suelos pueden transformarse en una herramienta clave frente al cambio climático. En el corto plazo quiero seguir una línea académica y postular al Magíster en Ciencias, mención Bosques y Medio Ambiente, de la Universidad Austral de Chile, para profundizar en esta temática. Pero también me gustaría, en algún momento, vincular la investigación con el trabajo en terreno y con las personas.
¿Por qué te interesa tanto esa conexión con el trabajo territorial?
Porque he podido conocer realidades muy distintas en terreno, especialmente en la Región de Aysén, donde se enmarca el proyecto de mi Tesis. Ahí uno entiende que no es trivial trabajar con personas, propietarios, encargados de estancias o comunidades con contextos territoriales muy específicos.
La ciencia entrega herramientas potentes, pero también es importante saber cómo dialogar con las personas, cómo comunicar y cómo adaptar ese conocimiento a necesidades concretas. Por eso me parece muy valioso pensar en experiencias de extensión o trabajo fuera de la universidad.
¿Qué invitación le harías a estudiantes de carreras afines para que se sumen a la SChCsS?
Les diría que hoy tenemos la responsabilidad de elevar la importancia del suelo como recurso y como ecosistema, especialmente en un momento crítico respecto al cambio climático y al uso de los recursos naturales en América Latina.
Si a alguien le interesan los humedales, los bosques, la fauna silvestre, la agricultura familiar campesina o cualquier ecosistema terrestre, el suelo siempre va a tener algo que decir. El suelo cuenta la historia de ese ecosistema, explica qué procesos geomorfológicos, climáticos y de sucesión ecológica han ocurrido ahí. Estudiarlo y conectarse con otras personas que también lo investigan enriquece muchísimo como estudiante y como futuro profesional.
¿Sientes que la Sociedad abre espacios reales para las nuevas generaciones?
Sí, completamente. La sociedad tiene la mirada puesta en los jóvenes. No solo existe el congreso nacional, sino también el EJICS, que es un espacio muy valioso porque está pensado justamente para estudiantes de pregrado, magíster y doctorado.
Es una instancia que ayuda a perder el miedo, a aprender a presentar, a equivocarse y a ganar seguridad. Eso, cuando uno está recién comenzando, es fundamental.
Además del componente académico, ¿qué valor tienen estos encuentros en lo humano?
Muchísimo. No son solo espacios de formación académica, también son espacios de formación humana. Compartir con profesores y estudiantes de distintas universidades, conversar, hacer camaradería y conocer a personas que están en etapas similares a la tuya es muy enriquecedor.
También pasa en actividades como el Concurso Nacional de Descripción de Suelo, que además de la formación disciplinar genera una competencia sana y la posibilidad de conocer las capacidades de otros compañeros y compañeras.
¿Qué podría hacer la sociedad para quienes egresan sigan vinculados una vez que ingresan al mundo laboral?
Creo que quienes pasan al mundo laboral tienen mucho que aportar, porque conocen de primera fuente lo que está ocurriendo en terreno. Pueden contar cuáles son las necesidades reales, qué dificultades existen y cómo se está trabajando con el recurso suelo fuera de la academia.
Ese vínculo entre quienes están en investigación y quienes están en terreno puede ser muy valioso para orientar mejor el trabajo de la sociedad, fortalecer también el extensionismo y la relación con las comunidades. Así mismo, la sociedad ayuda a los jóvenes egresados a fortalecer su conocimiento del área y crear nuevos contactos.
Para cerrar, ¿qué es lo que más te motiva a hacer ciencia en Chile?
Hay algo que me gusta mucho, y es aprender. Entender un problema produce una alegría muy especial. Pero junto con eso, para mí hacer ciencia en Chile también tiene una responsabilidad política.
Cuando una puede estudiar gracias a la educación pública, al esfuerzo familiar, a recursos del Estado y al aporte de toda la sociedad, entiende que ese conocimiento no es gratuito y que hay una responsabilidad de devolverlo. Para mí, hacer ciencia en Chile es entender el país desde el suelo y poder explicarle al país por qué es importante protegerlo.
Es una responsabilidad muy bonita y que hay que asumir con vocación, porque el conocimiento es una gran herramienta que aporta a las universidades, a los tomadores de decisiones, a los estudiantes y, finalmente, a toda la sociedad.



